Hoy se ha muerto Lou Reed. Anteayer mi hija cumplía su 19 semana, la mitad del tiempo que pasará en la tripa de mi mujer. Y ayer volví a casa. A mi casa, donde nací y me crié. Voy poco, y menos que eso, veo poco a mis más antiguos amigos. Y ayer lo hice, con un sorprendente y eufórico ánimo, dulcificado por la sensación de libertad que te da una ciudad vieja y nueva, conocida y extraña. Una simple cena, una simple copa, una simple charla con esa gente que me conoce mejor que casi nadie, y me aprecia igualmente. Mi amigo más antiguo, el padrino de mi hija. Una de mis más antiguas amigas, la sonrisa más imperecedera del mundo. Su compañía es una colcha contra el tiempo y la añoranza, las noches que pasábamos así, con menos edad, pero que ya nos parecía suficiente. No han pasado años. Es ayer y es hace eras, o así lo deseo ver yo. Gracias, a los tres. Si, al marido de mi gran amiga también, porque no le conozco tanto, pero la hace feliz, se le nota.
Ayer, mientras escuchaba música en un pub de los de antes, de los que siempre salía a los 5 minutos de haber entrado, Lou Reed todavía estaba vivo. Y hoy no. Lo único que se me ocurre decirle es que por él me quedaba a veces más de esos cinco minutos. Y cuando él se iba, yo tambien.
No son suyas, pero hay dos canciones que se turnan en mi cabeza, en continuo loop, durante este fin de semana. Space Oddity, porque quiero ver Gravity en el cine, y la extraña asociación de ideas me lleva a pensar en el comandante Tom, y esta otra, que no tiene nada que ver con nada, y si con la despedida de gente añorada largamente y con la esperanza de ver a mi pequeña niña que, espero, tenga los ojos azules, porque si no la canción no tendrá sentido. Unos se van, y otros quieren llegar. Y ambos lo hacen llorando.
No son suyas, pero hay dos canciones que se turnan en mi cabeza, en continuo loop, durante este fin de semana. Space Oddity, porque quiero ver Gravity en el cine, y la extraña asociación de ideas me lleva a pensar en el comandante Tom, y esta otra, que no tiene nada que ver con nada, y si con la despedida de gente añorada largamente y con la esperanza de ver a mi pequeña niña que, espero, tenga los ojos azules, porque si no la canción no tendrá sentido. Unos se van, y otros quieren llegar. Y ambos lo hacen llorando.
Lo dejamos por hoy. Voy a volver a escucharlas. Ambas. Y Satellite of Love también, y dar gracias por todas ellas.