No me voy realmente. Este año no salimos a ningún sitio. La niña requiere bastante atención, y no me apetece pagar una estancia para no disfrutarla y tener que hacer el mantenimiento de mi hija igual que si estuviese en mi casa. Para eso, claro, me quedo en casa. Me levanto de mi cama a las 5 de la mañana, la visto en mi habitación a las 10 de la mañana, y la paseo por mis calles a las 12 de la mañana. Y eso que me ahorro.
Decir que ya está aprendiendo a darse la vuelta como una croqueta en harina, o que cuando entra en una habitación parece una espía de la stasi, que sonríe con su padre MÁS que con nadie o que vacía biberones con la febril velocidad a la que llena pañales, tampoco les dirá nada. Para mí es el día a día, y no recuerdo haber sonreído tanto y de manera más imbécil en ninguna etapa de mi vida, con detalles tan simples. Es lo que tiene.
Por otra parte, para mi las vacaciones van a ser días de júbilo. O de jubilación, más bien. Porque eso es lo que voy a hacer, vida de jubilado. Hasta creo que voy a adquirir ese gesto al andar de llevar las manos entrelazadas a la espalda. O no, que tengo que llevar el carro de la cría. Pero si no lo haría.
Me dedicaré a actividades tan absurdamente inútiles como organizar los discos duros de películas, series y ebooks. Seleccionar para las carpetas de la nube los que quiero leer inmediatamente y, luego, HACERLO. También trataré de reunir a un grupo para jugar alguna sesión. Galáctica me apetece, por ejemplo, pero ya veremos. Como tengo playa al lado de casa, alguna escapada de media hora también caerá. Y alguien, no recuerdo quién, dijo GUARDIANES DE LA GALAXIA... Lo que tengo claro es que necesitaré al menos una tarde entera, sin distracciones para hacer un minimaratón de alguna serie pendiente. Tengo muchas, la verdad, y temo que escoger me lleve más tiempo que visionarla, pero eso lo dejaremos para la siguiente entrada, cuando ya la haya (espero) terminado.
En los últimos días si he podido terminar algunas temporadas que llevaba a medias, mendigando horas al sueño o la responsabilidad. La más destacada, tanto por su calidad como por lo entrañable que resulta para mí, ha sido la primera temporada de la serie de AMC, Halt and Catch Fire, la cual, como cada pequeña joya sleeper que fabrica AMC (Rubicon, sin ir mas lejos), no tiene pinta de ser renovada. Gracias, eh?
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| Personajes grandes. Mal vestidos, pero GRANDES. |
La serie está muy lejos de relatar un tema recurrente en televisión: Propone un argumento ambientado en una época mágica (los 80, descritos por mi mujer como "la década de la ropa más horrible de la historia"), y narra, a través de los empleados de una empresa de software, los inicios de la guerra de los compatibles.
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Tras haber cribado con el párrafo anterior a los lectores más superficiales (no arrugen la ceja, ha pasado), deben saber que, a mi juicio, han sido diez capítulos donde lo de menos (siendo muy interesante para mí) ha sido lo que se cuenta. El cómo (soberbia dirección, actores creíbles, tridimensionales, implicados y magistralmente caracterizados), el cuándo (magnífica, explícita a la vez que sutil recreación de la época. Si, como yo, odian que le planten una botella de mirinda en primer plano cada diez segundos para que sepan que están en el pasado remoto, esta serie les va a encantar), el dónde (esa pequeña ciudad de Texas donde se adivina una vieja guardia de comerciales y ejecutivos que cierran tratos con un simple apretón de manos, y la nueva hornada de pantalones vaqueros de tiro alto, melenas a lo John Romero, discos de ALTA DENSIDAD!!! y latas de refresco donde la anilla todavía no se quedaba con el bote)...
...y el por qué.
El por qué, para los informáticos o aficionados a los ordenadores, importa. El año 83 está grabado en nuestras cabecitas de modo indeleble, a la par que el 92 para otros, o el 2013, o... ya me siguen. Un año antes, había muerto Philip K. Dick que, si no les suena, pues nada, pero si sí, pues eso... y en este año se produce la crisis del software de entretenimiento y las consolas, con la pantomima del juego de ET como falso (aunque penoso) cabeza de turco. Por último, el tema que nos ocupa: una pequeña empresa decide que le apetece crear un ordenador. Así. Y lo hacen. E IBM (monopolista malvado) les aprieta las tuercas. Y les salen enanos, y la mujer barbuda e incluso tragafuegos de debajo de las piedras. Pero como son gente con talento y voluntad, pues van tirando entre apuro y apuro...
Crear un ordenador, a día de hoy, donde la palabra clónico está a la orden del día, no parece apenas un hito. Lo fue, y si bien la narración de la historia no es fiel cien por cien en esta serie, si es apasionante. Sobre todo, como pasa con TODAS las historias, si está bien contada. Ésta, lo está. Está deliciosamente contada, a pesar de soltarnos en medio del escenario sin sinopsis ni preludios. A pesar de utilizar un lenguaje técnico, sin facilidades (innecesarias por otra parte), todo aderezado con personajes coherentes, vivos, con los que te implicas a los 10 segundos, con giros argumentales diferentes de verdad, inesperados DE VERDAD, no de baratillo como en esas series mainstream que todos están pensando (sí ESAS).
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| Old School Nerds & Shark |
Así que, si como parece ser, no tienen mucho que hacer hoy, ya que están leyendo este triste blog, vayan a su videoclub de confianza y alquilen esta serie. De su banda sonora, si son mayores de 30, no diré nada, ya les apretará fuerte el pecho cuando vayan saliendo cortes. De las referencias a las figuras del sector de la época (IBM, Gates, Apple) no diré nada, pero son muy simpáticas y entrañables. En fin, que no les entretengo más. Vayan, vayan, que yo lo dejo aquí por hoy. Diría que tengo que empezar a trabajar, pero mentiría...
p.d.: Es necesario, imprescindible, a tenor del tema del post, apuntar algo de la otra grandísima serie sobre informáticos que se ha estrenado este año: Silicon Valley. Ojo, esta es, sin paliativos, una comedia. Y de HBO. Esto quiere decir, si, que es de risa, pero no para cualquier sentido del humor. Referencial como pocas, tramposa, pero en el buen sentido, no como muchas, paródica, hermética por momentos, pero más amable con el casual que Halt..., es, para mí, otra gran serie, original, adictiva y muy divertida. Y esta sí, porque es HBO, esta sí está renovada. Y larga vida!
| Esta es la vida que hemos elegido. |

