lunes, 16 de diciembre de 2013

Sigo aquí

Y para hacer honor a la idiosincrasia de los blogs de usuario, vuelvo con la aperiodicidad acostumbrada. 2 meses. Si señor. 2 meses sin ánimo o temas para escribir.

Hoy es lunes, dentro de tres meses seré padre y dentro de una semana es nochebuena. En estos dos meses en que no he escrito he pasado una gripe; un montón de tardes de sábado memorables; una tarta red velvet que podría haber quedado más mejor, donde va a parar; un accidente de coche con un tipo sin seguro; una absoluta decepción (reciente, ayer mismo) con mi regreso a una sala de cine; una inminente despedida de un amigo, que se marcha a hacer las Irlandas y al que le van a llover peticiones de thinkgeek; muchos regalos para la cría, que huelen todos como a la añorada colonia de mi abuela y a tiendas de botones y lanas... 

Y frío, mucho frío...

Me acompaña todos los días. Y todas las noches. Se me mete en las manos y en los pies, haga lo que haga y me ponga lo que me ponga. Y todavía queda mucho para la primavera.


Esta entrada es para recordar(me) que aún estoy aquí. No tengo muchos recuerdos importantes que añadir de estas últimas semanas (meses), pero sigo aquí. Esperando. Con un poco de miedo, y con mucho frío. Pero sigo aquí. Eso sí, lo dejo por hoy, con la desganada promesa de escribir más, y más a menudo, y mejor.

domingo, 27 de octubre de 2013

Hoy se ha muerto Lou Reed. Anteayer mi hija cumplía su 19 semana, la mitad del tiempo que pasará en la tripa de mi mujer. Y ayer volví a casa. A mi casa, donde nací y me crié. Voy poco, y menos que eso, veo poco a mis más antiguos amigos. Y ayer lo hice, con un sorprendente y eufórico ánimo, dulcificado por la sensación de libertad que te da una ciudad vieja y nueva, conocida y extraña. Una simple cena, una simple copa, una simple charla con esa gente que me conoce mejor que casi nadie, y me aprecia igualmente. Mi amigo más antiguo, el padrino de mi hija. Una de mis más antiguas amigas, la sonrisa más imperecedera del mundo. Su compañía es una colcha contra el tiempo y la añoranza, las noches que pasábamos así, con menos edad, pero que ya nos parecía suficiente. No han pasado años. Es ayer y es hace eras, o así lo deseo ver yo. Gracias, a los tres. Si, al marido de mi gran amiga también, porque no le conozco tanto, pero la hace feliz, se le nota. 

Ayer, mientras escuchaba música en un pub de los de antes, de los que siempre salía a los 5 minutos de haber entrado, Lou Reed todavía estaba vivo. Y hoy no. Lo único que se me ocurre decirle es que por él me quedaba a veces más de esos cinco minutos. Y cuando él se iba, yo tambien.

No son suyas, pero hay dos canciones que se turnan en mi cabeza, en continuo loop, durante este fin de semana. Space Oddity, porque quiero ver Gravity en el cine, y la extraña asociación de ideas me lleva a pensar en el comandante Tom, y esta otra, que no tiene nada que ver con nada, y si con la despedida de gente añorada largamente y con la esperanza de ver a mi pequeña niña que, espero, tenga los ojos azules, porque si no la canción no tendrá sentido. Unos se van, y otros quieren llegar. Y ambos lo hacen llorando.


Lo dejamos por hoy. Voy a volver a escucharlas. Ambas. Y Satellite of Love también, y dar gracias por todas ellas.

martes, 17 de septiembre de 2013

Ocio semanal... entrada a lo Barry Allen


...también conocido como flash, también conocido, a partir de ahora, y en la serie Arrow (serie que no sigo a pesar de las presiones), como este tío: 

Lo primero que debe aprender un superhéroe imberbe: mirar con gravedad al horizonte


Esta semana han pasado cosas, y no todas malas. Algunas de las buenas:


Bedlam, de Nick Spencer. Primer arco argumental. Lo leo sin conocer previamente nada de la obra, y me resulta muy interesante ver un trasunto de los arquetipos de Gotham City, pero sin pagar derechos. Un Se7en mezclado con La Broma Asesina, fluído y tenso. Y crudo, por que no. El dibujo rara vez me lo he encontrado más acorde al tono del guión. Sinergia pura. Miren, y nieguen que no les viene un impulso de lavarse compulsivamente las manos:


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Finiquitada (por fin, ha sido agotadora) "La Estación de la Calle Perdido", de China Miéville. Es el cuarto libro que (casi) me meto del tirón de este autor. Tras El Rey Rata (bueh), La Ciudad y la Ciudad (madre mía) y Embassytown (Madre, madre mía), este pierde respecto a los dos últimos. 

La historia tarda en arrancar. Se distrae en la ciudad de Nueva Crobuzón como un turista mirando escaparates, puestos de comida y grupos de niños jugando a extraños deportes, olvidando su destino y perdiendo el último tren al barrio de BoneTown. Entre la presentación de personajes, orografía, costumbres, folklore, etc, por momentos parece estar escribiendo una guía de viaje de la ciudad, lo que está muy bien, pero que difumina la trama principal y además lo sentencia con un final plano y anticlimático.

Lo mejor: Miéville escribe muy bien. Es entretenido leerle, aunque sea sobre filosocialismo. Tiene una imaginación muy singular, y todos sus recursos estilísticos sirven de maravilla para describir un mundo alienígena original y visionario, desmenuzado hasta los más mínimos detalles, obligándote a compartir los taxis milformes y semivivos que se agolpan en las plazas de Nueva Crobuzón (New York? Ankh-Morpork??), visualizar (visualizar, de verdad y con mayúsculas) claramente los laberintos multicolor de las terrazas y canales de la ciudad.

Lo peor: Miéville escribe muy bien. Y lo sabes. Ya has leído otras obras suyas y vas con un hype que te mueres, por eso me desencantó la estructura tan floja, perdida en tramas tangentes. ¿Necesarioas para reunir a los personajes? Si, pero tan dispersas y estiradas durante la primera mitad del libro que te hacen pivotar como un trompo hasta que decide hacia donde se va a dirigir el final.

Si bien es un libro que no me ha disgustado, yo esperaba algo más, a la altura del soberbio Embassytown, porque este es hasta ayer el libro más conocido de Miéville. Me da la impresión de que ha querido establecer aquí las bases del mundo de Bas-Lag, que luego ha desarrollado mucho más en las secuelas ambientales de "La Cicatriz" y "El Consejo de Hierro". Cuando las lea concretaré esa sensación.

Las portadas inglesas de Miéville: todas una gozada. Buscad Kraken en google...
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Tras ganar la puja de ebay de Dungeoneer, lo hemos estrenado en plan prueba y sin acabar la partida, pero me ha gustado el rollo de ir construyendo la mazmorra según vas jugando, así como la mecánica de señor oscuro: TODOS los jugadores lo somos, durante una fase de nuestro turno, y nuestro trabajo es chulear a los demás. Amigos para siempre. 
 Las reglas, lo peor. Fatalmente explicadas, pero una vez se desencriptan, sin problemas serios (¿Se considera obsesión que por dos veces, al escribir la palabra, me haya equivocado y haya tecleado "descencriptan").

Foto de la partida? Se la comió este.
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Cerramos por hoy. Podría decir que tengo que ir a comprarle un detalle a un amigo por su cumpleaños, pero ya lo han hecho otros. Es este bicho:

 


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Perdedores





Criminal, de Ed Brubaker y Sean Phillips. Me he tragado todos los tomos como quien se bebe una jarra de sangría, pero sin resaca. El género negro más negro que he visto en el comic (permiso, señor Miller), barriobajero y decadente, pordiosero y pecador, con regustos de Hammet, de The Wire, de Scorsese si me apuran... Trágico y agridulce, como ha de servirse este género. Regla nº 1 del Noir: No hay finales felices.


Cuando me encuentro con mucho material para ver, cuando picoteo por las películas del disco multimedia, en ese estado mental de "hoy no quiero experimentar, ni buscar historias nuevas. Hoy quiero que lo que ponga, me guste" voy sobre seguro: Thrillers de bajos fondos o de frac y pajarita. De rateros malolientes adictos a la meta o de timadores de guante blanco que no saben amartillar un arma. Gabardinas con cuellos subidos, callejones neblinosos, bares donde todo está en venta y sobre todo, el alma máter de este género: los perdedores. Criminal es la amalgama del mejor cine de serie negra, en papel.


Sus varios arcos argumentales, donde la panorámica de la ciudad es común, y los personajes van y vienen, rozándose por la calle sin pudor entre distintas historias, nos narran las vidas de los perdedores y las causas que les llevaron a perder, primero, la batalla contra la vida, y después, las esperanzas de que ésta les diese la revancha.

Al mezclarse personajes, vemos como un...no diremos secundario, sino "extra con frase" de un volumen, que nos parecía un hijoputa total, se convierte en el protagonista de otro volumen, en el que, al asomarnos al interior de su vida, nos vemos sorprendidos al defender su actitud y darle nuestra simpatía. Síndrome de Estocolmo Negro. No hay malos, no hay buenos. Hay perdedores. Los que lo son y los que aún no lo saben. Los que conoces, y por eso te caen bien, y quieres que dejen de perder, y los que no conoces aún, y crees que merecen lo que les pasa. Hasta que los conozcas.

De Ed Brubaker poco hay que decir que no diga ya el resto de internet. Un grande del comic, con premios a paletadas y reconocimiento del medio. Yo, inocente e insensato, sólo he leído dos obras suyas, la que me ocupa, y Fatale (de la que sólo llevo un volumen, poco puedo decir todavía), cosa que mejoraré en breve cuando me llegue Incógnito, que seguramente comentaré por aquí.

Termino con una pequeña revelación de la finura y el golpe de genio moral del guionista: Es clarividente y retorcido a la vez descubrir cómo el único protagonista que logra su objetivo y tiene un final feliz, encuentra este epílogo desapasionado, teñido sutilmente de una amargura y desasosiego tales que, a mí al menos, me dió la sensación de que era el peor perdedor de todos. Ya me dirán, que no quiero contar de más.

Cerramos por hoy, tengo una puja de Dungeoneer que ganar en Ebay.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Monster, la (mi) redención del manga

Hay películas que ves y son un despropósito, y ni el visionado gamberro con amigos las arregla;

Luego hay, por ejemplo, canciones que escuchas de pasada en el bus, te pones el disco con calma y meh;

Te alegras en ocasiones de que esos bienqueridos y reconocibles amigos te hagan recomendaciones, de lo que sea, las ves con agrado y rara vez te arrepientes;

Y luego están esas obras que cuando las descubres te ves obligado a clavar una bandera, porque son colosales y tiene que haber un antes y un después. Esas obras que guardas para que cuando surja una conversación sobre "referencias" te falte tiempo a soltarlas, y se te llene la boca con ellas.

Eso es monster. Leer como leías con 15 años, recogido en posición fetal, absorto y concentrado, una historia que te agarra y no te permite irte a dormir.

Este post es el hito de Monster. La bandera de Urasawa. Bravo.

Doctor Tenma - Profeta Urasawa


Mi contacto con el manga se originó como el de toda mi generación: Heidi, Akira y Dragon Ball. A raíz de Dragon Ball explotó todo: Ranma 1/2, Bateadores, Kimagure Orange Road, Macross, Lupín, Chicho Terremoto, Video Girl Ai, Record of Lodoss War, Alita, Slam Dunk, 3X3 Ojos, Appleseed...

Al poco te vuelves más selectivo, más "intelectual", refinas tu selectivo criterio. Empiezas a hablar de autores, en vez de títulos: Shirow, Otomo, Tezuka, Katsura... empiezas a buscar otras temáticas. No quieres ya sólo ojos grandes y ondas vitales.

Y, tal y como empieza, se acaba. Un big crunch y el manga te aburre y te parece todo lo mismo. No te interesa Bastard, te da pereza Evangelion, evitas One Piece, Death Note, no tienes edad para Naruto, ni Full Metal Jarl... tras casi una década, llega la saturación del manganime. 

Lo dejo. No hago caso de los codazos ni los guiños de mis amigos aficionados, vendiéndome la revolución del género con golosinas como Bleach, Lobo Solitario y su hijo (¿eso no era un Elige tu Propia Aventura?), o el inefable Vagabond. No veo más anime que los Ghibli, cual gaijin mainstreinrizado, necio ignorante casual de las líneas cinéticas orientales. Me endurezco en mi postura, prejuzgando, alimentando costumbres y manías como el "me incomoda leer en sentido inverso" y el "con todo lo que tengo por leer europeo y americano, casi mejor así".

Como siempre, me equivoco.

Me excedo. Prejuzgo.

MAL.

Urasawa llega indirectamente a mi vida un fin de semana aburrido en el que me encuentro divagando por el disco multimedia, buscando una pelicula al azar. La bolita cae en una tal "20º Century Boys".
No voy a hypear ni a espoilear excesivamente. Me la veo y para mi disgusto compruebo que termina con un cliffhanger de la leche, y que es una trilogia. El adsl echa humo, pero consigo verlas todas ese mismo domingo. Y lo flipo. El Hitchcock japones, es este nota. Válgame. Que jodido crack. Y está basado en un manga, me dices? Pues venga.

Después de leer 20º Century Boys me vuelvo a reconciliar con el manga, un poco. Nos miramos a los ojos de vez en cuando, y quedamos algún que otro fin de semana. No tenemos la efervescencia ni el arrojo de la juventud, pero nuestra relación es más amable, más serena. Le pongo mis condiciones, eso si: nada de excesos epilépticos. Nada de artes marciales locas. Nada de pokemon. Y asiente, confiada, sabedora de que volvemos a ser, al menos, amigos.

La joya del comic que es Barrio Lejano, de Jiro Taniguchi (quien sólo por esta obra se merece, más que premios, los abrazos de todos los seres HUMANOS que se cruce a lo largo de su vida, me hacen caer un poco más. Me sumerjo sin titubeo alguno con Bakuman.

Y luego llega Monster. Y toda la tensión dramática, el suspense, la fantasía, el thriller, y el drama que le acompañan... bueno, menos mal que el doctor Tenma es el mejor cirujano del mundo, porque los infartos, hipertensiones, transtornos alimentarios (doy fe) o de sueño que este manga podría producir...

La agria inocencia de la última viñeta me dejó tiritando. Y es que soy un flojer.


No quiero hablar del argumento. De eso se encargan, de mejor manera, miles de webs de las cuales tenéis la flor y nata a la derecha de este artículo. Quiero hablar de las sensaciones, y no se me ocurre otro modo que mediante una frase que me encontré hacia el final del octavo tomo, y que me acompaña desde entonces como un ejemplo de la poesía fantástica que es esta obra:

"Matar es muy sencillo, basta con olvidarse del sabor del azúcar en el café."



Cerramos por hoy. De repente, necesito escribir un mensaje a mi mujer.

viernes, 30 de agosto de 2013

Descent es un vicio cruel

Primera semana completa de trabajo tras las vacaciones. Como hay poco que comentar hoy, publico una breve reseña de la partida del sábado, por si os interesa ir conociendo mi entorno.

Es de recibo empezar, teniendo en cuenta que la partida se montó en el día que mi futuro hijo cumplía 10 semanas y evolucionaba como un pokemon cualquiera, está claro que hay que agradecerle a su futura madre que me permitiese librar. Es un desahogo que cada vez me podré permitir menos, así que valga esta sentencia para la posteridad: Mi mujer es una SANTA más buena que el pan con nuece, y para mí tiene el cielo ganado aunque mañana se divorcie y se lo lleve todo.

La reseña, decía. En términos generales, se resume en que la cuadrilla de la muerte (Kijaku, Szose, Adrien y un servidor), arrancan el interludio (intermedio de la campaña) tras haber ganado 2 de las tres misiones anteriores, siempre a duras penas, por los pelos, y sin demasiado cariño por la estrategia (esto no es tan cierto, lo que pasa es que cada uno tenía una estrategia distinta). Si estáis familiarizados con Descent 2ª, sabéis que se juegan 3 misiones, un interludio, y un segundo escenario que creo tiene otras tres misiones, hasta el escenario final (8 en total).

El Señor Oscuro, Klafindel (nombre élfico con K, tócatelasnaricesMariLoli), fervoroso y metódico seguidor de la táctica, riguroso hasta la extenuación con los puntos de movimiento, las líneas de visión, las sinergias y combos, el PLAN así con mayúsculas, sufre. 

Cree (y no se equivoca) que debería haber ganado encuentros anteriores por sus planteamientos puntillosos y calculados. Y, un poco en el fondo de su corazón, odia nuestra dejadez contemplativa y nuestra SUERTE.
Así nos plantamos en un escenario enorme, zigzagueante aunque con atajos, que tenemos que cruzar llevando un cofre. Nos lo quitan y se lo llevan del escenario, perdemos el jugoso trofeo.
Ante nosotros, 3 grupos libres y un Barón con pinta seria, habilidades canallescas y 16 puntos de vida. En nuestro lado: Un enano berserker, un curandero que estrenaba lanza, un maestro de runas que rivaliza en cerebro afilado con el Señor Oscuro, ávidos ambos de equiparse el premio en el siguiente encuentro y un montaraz que donde pone el ojo, pone de media 7 puntos de daño, pifias a un lado.

Y tiramos miserablemente el primer turno.

Mi pequeño mundo en la tarde del sábado. Las manos que sibilinamente negocian cartas en la izquierda son las del Señor Oscuro, maquinando Perrerías Oscuras.

A partir de ahí, todo es una profusión de combates donde barremos de modo insultante a los Ettins, Demonios y Dragones que nos planta delante Klaf de modo muy estudiado. Avanzamos, a marchas forzadas, curándonos y muriendo de vez en cuando para levantarnos con nuevos brios, y amagar, durante un mínimo instante de lucidez táctica, con asestar un golpe de efecto que se viene abajo por una mala lectura de reglas (una acción para nadar? si no me quedan!!!).

Oleadas y oleadas de enemigos caen, y llegamos, tras horas de juego, a la mitad del mapa. Todo muy épico, pero chapucero. Siempre me da la impresión de que podríamos haber hecho las cosas de manera más ordenada y profesional. No sé si son los dados o la indisciplina, o ambas. Pero aún así, los héroes estamos bastante cargados de recursos y aguantamos, hasta el momento presente, sin apenas daños.

Dejo aquí la reseña porque aquí lo tuvimos que dejar, a medio escenario vista y con visos de sufrir lo mismo de aquí hasta el final. Obligaciones maritales mediante, esperamos retomarlo en breve, pero nunca se sabe. El juego es muy divertido, absorvente, y adictivo a más no poder, y venimos de una larga travesía del desierto de aventuras lúdicas, así que no sorprende que los cinco estemos deseando volver a Terrinoth.

Cerramos por hoy, tengo que buscar el móvil que no se donde lo he perdido.

domingo, 25 de agosto de 2013

In the beginning

Ayer, 24 de octubre, dejé de tener un embrión para tener, por primera vez, un feto.

Para aquellos que ya han sido o serán padres en breve, sabrán que eso significa que mi señora está en estado desde hace exactamente 10 semanas. Aquellos que no, pues ya lo saben.

Ayer, 24 de octubre, jugué mi primer interludio en la campaña de Descent, 2ª Edición. Fue una maratoniana sesión de más de 5 horas. Lo dejamos a mitad de aventura sin recorrer medio mapa.

Para aquellos familiarizados con Descent sabrán que hablo de un juego de tablero de temática fantástica, un dungeon crawler donde tres compañeros y yo organizamos correrías en una mazmorra tratando de provocar el colapso nervioso de otro amigo que, amigablemente, se presta a hacer de antagonista. Aquellos que no conozcan Descent, ahora ya lo conocen.


Este blog va de niños recién o potencialmente nacidos, y de campañas de juegos de mesa.Vamos, de vidas cotidianas. De todo, en definitiva.

Este blog va de la persistencia en la nube de mi memoria, ahora que veo que hay algo interesante que contar, y de lo que a lo mejor no me acuerdo dentro de unos años.

Este blog va poco (espero) de reflexiones pedantes y grandilocuentes como el párrafo anterior.

Y sobre todo, va de entradas intencionalmente cortas, y al pie. Porque la mesura y la paciencia son virtudes generalmente infravaloradas a día de hoy por los lectores (perciban cómo de rápido se ha diluído la intención del párrafo anterior).

Para terminar, dos instantáneas. Una fui yo, ayer. Otra, mi futuro vástago, cuando aún era embrión:




Cerramos por hoy. Tengo que hacer la comida.