miércoles, 5 de noviembre de 2014

phaphaphapha

Yo era alguien que jugaba con ella. No era "papá", porque aunque ella lo pronunciaba, erráticamente entre la ba y la ma, no significaba nada. Era alguien impelido a agradar, a ser recordado y, sobre todo, con una necesidad imperiosa de hacerla feliz. De hacerla reir, y estar ahí, cada vez que la veía seria o meditabunda. Cogerla de la mano. Besarla en la comisura de los labios. Sentir la tenue respiración en mi hombro a las 4 de la mañana, cuando tras tomar su biberón, se quedaba dormida. Y no escuchar nada más. El silencio, la oscuridad, y su respiración, viva, ingenua, en mi hombro.

jueves, 14 de agosto de 2014

Vacaciones

Hoy es mi último día de trabajo antes de irme de vacaciones. Estoy escribiendo esta entrada, como es lógico en el último día, desde el trabajo. Llueve, y el día está frio y gris plomizo. Pero como me voy de vacaciones, me da igual.

No me voy realmente. Este año no salimos a ningún sitio. La niña requiere bastante atención, y no me apetece pagar una estancia para no disfrutarla y tener que hacer el mantenimiento de mi hija igual que si estuviese en mi casa. Para eso, claro, me quedo en casa. Me levanto de mi cama a las 5 de la mañana, la visto en mi habitación a las 10 de la mañana, y la paseo por mis calles a las 12 de la mañana. Y eso que me ahorro.

Decir que ya está aprendiendo a darse la vuelta como una croqueta en harina, o que cuando entra en una habitación parece una espía de la stasi, que sonríe con su padre MÁS que con nadie o que vacía biberones con la febril velocidad a la que llena pañales, tampoco les dirá nada. Para mí es el día a día, y no recuerdo haber sonreído tanto y de manera más imbécil en ninguna etapa de mi vida, con detalles tan simples. Es lo que tiene.

Por otra parte, para mi las vacaciones van a ser días de júbilo. O de jubilación, más bien. Porque eso es lo que voy a hacer, vida de jubilado. Hasta creo que voy a adquirir ese gesto al andar de llevar las manos entrelazadas a la espalda. O no, que tengo que llevar el carro de la cría. Pero si no lo haría.

Me dedicaré a actividades tan absurdamente inútiles como organizar los discos duros de películas, series y ebooks. Seleccionar para las carpetas de la nube los que quiero leer inmediatamente y, luego, HACERLO. También trataré de reunir a un grupo para jugar alguna sesión. Galáctica me apetece, por ejemplo, pero ya veremos. Como tengo playa al lado de casa, alguna escapada de media hora también caerá. Y alguien, no recuerdo quién, dijo GUARDIANES DE LA GALAXIA... Lo que tengo claro es que necesitaré al menos una tarde entera, sin distracciones para hacer un minimaratón de alguna serie pendiente. Tengo muchas, la verdad, y temo que escoger me lleve más tiempo que visionarla, pero eso lo dejaremos para la siguiente entrada, cuando ya la haya (espero) terminado.

En los últimos días si he podido terminar algunas temporadas que llevaba a medias, mendigando horas al sueño o la responsabilidad. La más destacada, tanto por su calidad como por lo entrañable que resulta para mí, ha sido la primera temporada de la serie de AMC, Halt and Catch Fire, la cual, como cada pequeña joya sleeper que fabrica AMC (Rubicon, sin ir mas lejos), no tiene pinta de ser renovada. Gracias, eh?

Personajes grandes. Mal vestidos, pero GRANDES.


La serie está muy lejos de relatar un tema recurrente en televisión: Propone un argumento ambientado en una época mágica (los 80, descritos por mi mujer como "la década de la ropa más horrible de la historia"), y narra, a través de los empleados de una empresa de software, los inicios de la guerra de los compatibles.


...


Tras haber cribado con el párrafo anterior a los lectores más  superficiales (no arrugen la ceja, ha pasado), deben saber que, a mi juicio, han sido diez capítulos donde lo de menos (siendo muy interesante para mí) ha sido lo que se cuenta. El cómo (soberbia dirección, actores creíbles, tridimensionales, implicados y magistralmente caracterizados), el cuándo (magnífica, explícita a la vez que sutil recreación de la época. Si, como yo, odian que le planten una botella de mirinda en primer plano cada diez segundos para que sepan que están en el pasado remoto, esta serie les va a encantar), el dónde (esa pequeña ciudad de Texas donde se adivina una vieja guardia de comerciales y ejecutivos que cierran tratos con un simple apretón de manos, y la nueva hornada de pantalones vaqueros de tiro alto, melenas a lo John Romero, discos de ALTA DENSIDAD!!! y latas de refresco donde la anilla todavía no se quedaba con el bote)...

...y el por qué.

El por qué, para los informáticos o aficionados a los ordenadores, importa. El año 83 está grabado en nuestras cabecitas de modo indeleble, a la par que el 92 para otros, o el 2013, o... ya me siguen. Un año antes, había muerto Philip K. Dick que, si no les suena, pues nada, pero si sí, pues eso... y en este año se produce la crisis del software de entretenimiento y las consolas, con la pantomima del juego de ET como falso (aunque penoso) cabeza de turco. Por último, el tema que nos ocupa: una pequeña empresa decide que le apetece crear un ordenador. Así. Y lo hacen. E IBM (monopolista malvado) les aprieta las tuercas. Y les salen enanos, y la mujer barbuda e incluso tragafuegos de debajo de las piedras. Pero como son gente con talento y voluntad, pues van tirando entre apuro y apuro...

Crear un ordenador, a día de hoy, donde la palabra clónico está a la orden del día, no parece apenas un hito. Lo fue, y si bien la narración de la historia no es fiel cien por cien en esta serie, si es apasionante. Sobre todo, como pasa con TODAS las historias, si está bien contada. Ésta, lo está. Está deliciosamente contada, a pesar de soltarnos en medio del escenario sin sinopsis ni preludios. A pesar de utilizar un lenguaje técnico, sin facilidades (innecesarias por otra parte), todo aderezado con personajes coherentes, vivos, con los que te implicas a los 10 segundos, con giros argumentales diferentes de verdad, inesperados DE VERDAD, no de baratillo como en esas series mainstream que todos están pensando (sí ESAS).

Old School Nerds & Shark


Así que, si como parece ser, no tienen mucho que hacer hoy, ya que están leyendo este triste blog, vayan a su videoclub de confianza y alquilen esta serie. De su banda sonora, si son mayores de 30, no diré nada, ya les apretará fuerte el pecho cuando vayan saliendo cortes. De las referencias a las figuras del sector de la época (IBM, Gates, Apple) no diré nada, pero son muy simpáticas y entrañables. En fin, que no les entretengo más. Vayan, vayan, que yo lo dejo aquí por hoy. Diría que tengo que empezar a trabajar, pero mentiría...


p.d.: Es necesario, imprescindible, a tenor del tema del post, apuntar algo de la otra grandísima serie sobre informáticos que se ha estrenado este año: Silicon Valley. Ojo, esta es, sin paliativos, una comedia. Y de HBO. Esto quiere decir, si, que es de risa, pero no para cualquier sentido del humor. Referencial como pocas, tramposa, pero en el buen sentido, no como muchas, paródica, hermética por momentos, pero más amable con el casual que Halt..., es, para mí, otra gran serie, original, adictiva y muy divertida. Y esta sí, porque es HBO, esta sí está renovada. Y larga vida!

Esta es la vida que hemos elegido.

miércoles, 23 de julio de 2014

Cuatro Meses.. y pico.

- Buf, mira que hace tiempo.

- Si, y había usted prometido cierta regularidad. Periodicidad. Dedicación.

- Ya, pero miren ustedes, es que he tenido una niña.

- Ya estamos con la niña! Valiente y original excusa! Pero a ver, es para tanto, realmente? Tanto le cambia la vida a un padre? O es molicie simplemente, dejadez y hastío por escribir?

- ...


Dejémoslo en que la respuesta es MUCHO. Pero mentiría si dijese que es sólo por Clara. Ella es un agujero negro que se traga las horas más rápido de lo que vacía sus biberones. Por cierto, crece adecuadamente y está muy BIEN. Es un rayito de sol que cuando se despierta y me ve me sonríe con tanta devoción y felicidad como no hay en el mundo. Pero debería haber escrito un poco más, independientemente de ella. Sobre todo si voy a escribir sobre ella.

Curiosamente, me he acostumbrado a usar la tablet y el móvil demasiado, con lo que estar tumbado en la cama tras darle su baño no me anima a escribir en un teclado virtual entradas largas. Levantarme al sobremesa para bocetar un post no es una opción, claro. La palabra clave es LEVANTARSE. NO.

Momento mínimo de relax, con parte de la pila de lectura atrasada. Creo recordar que la pequeña criatura me concedió media hora antes de pedir atención.


Informados están. De mi vida poco se puede hablar. Leo menos que antes, pero leo. En unas semanas será bautizada (actividad que reclama un post entero, ya verán), y poquito a poco pondremos pinceladas de su/mi/nuestra vida nueva por aquí. Por ejemplo, en esta entrada hablaré de celos. Horribles y febriles celos.

En mi caso, con la mayor parte de gente que aprieta los codos y me aleja de la niña en las pocas horas que mi trabajo me deja estar con ella. Me enerva que, por ejemplo, mi suegra diga cosas como "pero déjame cogerla, hombre, si he estado muy poquito hoy con ella" (Esto un sábado al mediodia, en su casa para comer, cuando ella la cuida todos los días de diario). Y es sólo un ejemplo.

Se me hace cuesta arriba parecer un padre en público. La intimidad que tengo con mi hija, lo que hablamos y compartimos en la privacidad de nuestra casa, las monerías que hacemos, gestos, caricias, juegos y canciones, no están hechos para que yo, persona eminentemente prudente y reservada, se abra y los muestre en casas ajenas. Y claro, después de 3 meses secuestrado en casa ajena (es lo que he tardado en traerme a mi niña y a su madre a nuestra casa) me traía loco de los nervios.

Tengo entendido y asumido que esto es lo normal en muchos nacimientos. No los celos (yo es que también soy un poco susceptible), que también, sino el periodo de tener a mi suegra encima durante los primeros meses. Aún así, a mi se me ha hecho muy cuesta arriba. Hasta el punto de que la toma de biberón que hace la criatura por la noche es mi momento favorito, cuando estamos ella y yo, en duermevela, cansados pero felices de compartir una sonrisa con los ojos entrecerrados.

Lo dejamos aquí por hoy. No se preocupen, la situación ahora está muy corregida, tras dejar claro cual es la posición de cada uno. Todo va bien, y en unos minutos salgo a comer con mi hija, y a jugar, como todos los días, a ese fascinante juego de a ver quien abre más la boca para mostrar la sonrisa más amplia. Por ahora, gana ella. Siempre.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Clara

YA ESTÁ AQUÍ.

Y me ha volado la cabeza, como el tópico aseguraba, y yo no quería creerme. El miedo permanece, pero cubierto de caramelo caliente. De repente, sólo quieres hacerla feliz. Hija mía...

martes, 25 de febrero de 2014

Letanía contra el miedo

Mi mujer y mi hija, hechas una todavía. Por poco tiempo, si no hay incidentes.

Tengo un poco de miedo. Me acuesto cada noche como si hubiese pasado un millar de horas desde la noche anterior. Hago la ronda, en pijama, comprobando luces, enchufes, puertas. Como siempre lo he hecho, en semioscuridad. Manías.

Duermo solo, porque ella tiene el sueño falso, líquido. Y mi hija no ayuda. Yo le llamo bailarina. Es alucinante cuánto puede moverse, retorcerse, estirarse, bailar en el vientre. El caso es que duermo en la futura habitación de mi hija, solo. En parte, está bien, porque lo echaba de menos desde que me casé. Dormir solo es un privilegio, en cierto punto. Vuelvo a tener un pequeño espacio de tiempo y silencio, sin el sempiterno televisor la acuna a ella y me irrita a mí. Y pienso.

Pienso que, por muchas horas que crea que pasan de una madrugada a la siguiente, faltan pocas para que pueda verla. Muy pocas. Me duermo, pero casi cada noche me despierto en una duermevela pegajosa, y mi primer pensamiento es: "padre". Y me da un pequeño vuelco el corazón. Pienso en mi pequeña bailarina, y el futuro, que engañosamente creía claro como un oráculo certero, se vuelve nebuloso, pero esperanzador. Temible y arbitrario, y en mi cabeza pueril e inocente, me veo como un Atreides que ha perdido la presciencia, cegado por vientos arenosos con aroma de canela. No puedo evitarlo, tengo referencias para todo. Tontas e infantiles, pero que me quitan un poco el miedo al futuro. Sólo espero que todo salga bien, y lo que me toque hacer, hacerlo bien.

¿Lo dejamos por hoy? Dentro de nada llegará mi pequeña reina del baile, y quiero verla danzar un poco.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Sigo aquí

Y para hacer honor a la idiosincrasia de los blogs de usuario, vuelvo con la aperiodicidad acostumbrada. 2 meses. Si señor. 2 meses sin ánimo o temas para escribir.

Hoy es lunes, dentro de tres meses seré padre y dentro de una semana es nochebuena. En estos dos meses en que no he escrito he pasado una gripe; un montón de tardes de sábado memorables; una tarta red velvet que podría haber quedado más mejor, donde va a parar; un accidente de coche con un tipo sin seguro; una absoluta decepción (reciente, ayer mismo) con mi regreso a una sala de cine; una inminente despedida de un amigo, que se marcha a hacer las Irlandas y al que le van a llover peticiones de thinkgeek; muchos regalos para la cría, que huelen todos como a la añorada colonia de mi abuela y a tiendas de botones y lanas... 

Y frío, mucho frío...

Me acompaña todos los días. Y todas las noches. Se me mete en las manos y en los pies, haga lo que haga y me ponga lo que me ponga. Y todavía queda mucho para la primavera.


Esta entrada es para recordar(me) que aún estoy aquí. No tengo muchos recuerdos importantes que añadir de estas últimas semanas (meses), pero sigo aquí. Esperando. Con un poco de miedo, y con mucho frío. Pero sigo aquí. Eso sí, lo dejo por hoy, con la desganada promesa de escribir más, y más a menudo, y mejor.

domingo, 27 de octubre de 2013

Hoy se ha muerto Lou Reed. Anteayer mi hija cumplía su 19 semana, la mitad del tiempo que pasará en la tripa de mi mujer. Y ayer volví a casa. A mi casa, donde nací y me crié. Voy poco, y menos que eso, veo poco a mis más antiguos amigos. Y ayer lo hice, con un sorprendente y eufórico ánimo, dulcificado por la sensación de libertad que te da una ciudad vieja y nueva, conocida y extraña. Una simple cena, una simple copa, una simple charla con esa gente que me conoce mejor que casi nadie, y me aprecia igualmente. Mi amigo más antiguo, el padrino de mi hija. Una de mis más antiguas amigas, la sonrisa más imperecedera del mundo. Su compañía es una colcha contra el tiempo y la añoranza, las noches que pasábamos así, con menos edad, pero que ya nos parecía suficiente. No han pasado años. Es ayer y es hace eras, o así lo deseo ver yo. Gracias, a los tres. Si, al marido de mi gran amiga también, porque no le conozco tanto, pero la hace feliz, se le nota. 

Ayer, mientras escuchaba música en un pub de los de antes, de los que siempre salía a los 5 minutos de haber entrado, Lou Reed todavía estaba vivo. Y hoy no. Lo único que se me ocurre decirle es que por él me quedaba a veces más de esos cinco minutos. Y cuando él se iba, yo tambien.

No son suyas, pero hay dos canciones que se turnan en mi cabeza, en continuo loop, durante este fin de semana. Space Oddity, porque quiero ver Gravity en el cine, y la extraña asociación de ideas me lleva a pensar en el comandante Tom, y esta otra, que no tiene nada que ver con nada, y si con la despedida de gente añorada largamente y con la esperanza de ver a mi pequeña niña que, espero, tenga los ojos azules, porque si no la canción no tendrá sentido. Unos se van, y otros quieren llegar. Y ambos lo hacen llorando.


Lo dejamos por hoy. Voy a volver a escucharlas. Ambas. Y Satellite of Love también, y dar gracias por todas ellas.