- Si, y había usted prometido cierta regularidad. Periodicidad. Dedicación.
- Ya, pero miren ustedes, es que he tenido una niña.
- Ya estamos con la niña! Valiente y original excusa! Pero a ver, es para tanto, realmente? Tanto le cambia la vida a un padre? O es molicie simplemente, dejadez y hastío por escribir?
- ...
Dejémoslo en que la respuesta es MUCHO. Pero mentiría si dijese que es sólo por Clara. Ella es un agujero negro que se traga las horas más rápido de lo que vacía sus biberones. Por cierto, crece adecuadamente y está muy BIEN. Es un rayito de sol que cuando se despierta y me ve me sonríe con tanta devoción y felicidad como no hay en el mundo. Pero debería haber escrito un poco más, independientemente de ella. Sobre todo si voy a escribir sobre ella.
Curiosamente, me he acostumbrado a usar la tablet y el móvil demasiado, con lo que estar tumbado en la cama tras darle su baño no me anima a escribir en un teclado virtual entradas largas. Levantarme al sobremesa para bocetar un post no es una opción, claro. La palabra clave es LEVANTARSE. NO.
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| Momento mínimo de relax, con parte de la pila de lectura atrasada. Creo recordar que la pequeña criatura me concedió media hora antes de pedir atención. |
Informados están. De mi vida poco se puede hablar. Leo menos que antes, pero leo. En unas semanas será bautizada (actividad que reclama un post entero, ya verán), y poquito a poco pondremos pinceladas de su/mi/nuestra vida nueva por aquí. Por ejemplo, en esta entrada hablaré de celos. Horribles y febriles celos.
En mi caso, con la mayor parte de gente que aprieta los codos y me aleja de la niña en las pocas horas que mi trabajo me deja estar con ella. Me enerva que, por ejemplo, mi suegra diga cosas como "pero déjame cogerla, hombre, si he estado muy poquito hoy con ella" (Esto un sábado al mediodia, en su casa para comer, cuando ella la cuida todos los días de diario). Y es sólo un ejemplo.
Se me hace cuesta arriba parecer un padre en público. La intimidad que tengo con mi hija, lo que hablamos y compartimos en la privacidad de nuestra casa, las monerías que hacemos, gestos, caricias, juegos y canciones, no están hechos para que yo, persona eminentemente prudente y reservada, se abra y los muestre en casas ajenas. Y claro, después de 3 meses secuestrado en casa ajena (es lo que he tardado en traerme a mi niña y a su madre a nuestra casa) me traía loco de los nervios.
Tengo entendido y asumido que esto es lo normal en muchos nacimientos. No los celos (yo es que también soy un poco susceptible), que también, sino el periodo de tener a mi suegra encima durante los primeros meses. Aún así, a mi se me ha hecho muy cuesta arriba. Hasta el punto de que la toma de biberón que hace la criatura por la noche es mi momento favorito, cuando estamos ella y yo, en duermevela, cansados pero felices de compartir una sonrisa con los ojos entrecerrados.
Lo dejamos aquí por hoy. No se preocupen, la situación ahora está muy corregida, tras dejar claro cual es la posición de cada uno. Todo va bien, y en unos minutos salgo a comer con mi hija, y a jugar, como todos los días, a ese fascinante juego de a ver quien abre más la boca para mostrar la sonrisa más amplia. Por ahora, gana ella. Siempre.
