viernes, 30 de agosto de 2013

Descent es un vicio cruel

Primera semana completa de trabajo tras las vacaciones. Como hay poco que comentar hoy, publico una breve reseña de la partida del sábado, por si os interesa ir conociendo mi entorno.

Es de recibo empezar, teniendo en cuenta que la partida se montó en el día que mi futuro hijo cumplía 10 semanas y evolucionaba como un pokemon cualquiera, está claro que hay que agradecerle a su futura madre que me permitiese librar. Es un desahogo que cada vez me podré permitir menos, así que valga esta sentencia para la posteridad: Mi mujer es una SANTA más buena que el pan con nuece, y para mí tiene el cielo ganado aunque mañana se divorcie y se lo lleve todo.

La reseña, decía. En términos generales, se resume en que la cuadrilla de la muerte (Kijaku, Szose, Adrien y un servidor), arrancan el interludio (intermedio de la campaña) tras haber ganado 2 de las tres misiones anteriores, siempre a duras penas, por los pelos, y sin demasiado cariño por la estrategia (esto no es tan cierto, lo que pasa es que cada uno tenía una estrategia distinta). Si estáis familiarizados con Descent 2ª, sabéis que se juegan 3 misiones, un interludio, y un segundo escenario que creo tiene otras tres misiones, hasta el escenario final (8 en total).

El Señor Oscuro, Klafindel (nombre élfico con K, tócatelasnaricesMariLoli), fervoroso y metódico seguidor de la táctica, riguroso hasta la extenuación con los puntos de movimiento, las líneas de visión, las sinergias y combos, el PLAN así con mayúsculas, sufre. 

Cree (y no se equivoca) que debería haber ganado encuentros anteriores por sus planteamientos puntillosos y calculados. Y, un poco en el fondo de su corazón, odia nuestra dejadez contemplativa y nuestra SUERTE.
Así nos plantamos en un escenario enorme, zigzagueante aunque con atajos, que tenemos que cruzar llevando un cofre. Nos lo quitan y se lo llevan del escenario, perdemos el jugoso trofeo.
Ante nosotros, 3 grupos libres y un Barón con pinta seria, habilidades canallescas y 16 puntos de vida. En nuestro lado: Un enano berserker, un curandero que estrenaba lanza, un maestro de runas que rivaliza en cerebro afilado con el Señor Oscuro, ávidos ambos de equiparse el premio en el siguiente encuentro y un montaraz que donde pone el ojo, pone de media 7 puntos de daño, pifias a un lado.

Y tiramos miserablemente el primer turno.

Mi pequeño mundo en la tarde del sábado. Las manos que sibilinamente negocian cartas en la izquierda son las del Señor Oscuro, maquinando Perrerías Oscuras.

A partir de ahí, todo es una profusión de combates donde barremos de modo insultante a los Ettins, Demonios y Dragones que nos planta delante Klaf de modo muy estudiado. Avanzamos, a marchas forzadas, curándonos y muriendo de vez en cuando para levantarnos con nuevos brios, y amagar, durante un mínimo instante de lucidez táctica, con asestar un golpe de efecto que se viene abajo por una mala lectura de reglas (una acción para nadar? si no me quedan!!!).

Oleadas y oleadas de enemigos caen, y llegamos, tras horas de juego, a la mitad del mapa. Todo muy épico, pero chapucero. Siempre me da la impresión de que podríamos haber hecho las cosas de manera más ordenada y profesional. No sé si son los dados o la indisciplina, o ambas. Pero aún así, los héroes estamos bastante cargados de recursos y aguantamos, hasta el momento presente, sin apenas daños.

Dejo aquí la reseña porque aquí lo tuvimos que dejar, a medio escenario vista y con visos de sufrir lo mismo de aquí hasta el final. Obligaciones maritales mediante, esperamos retomarlo en breve, pero nunca se sabe. El juego es muy divertido, absorvente, y adictivo a más no poder, y venimos de una larga travesía del desierto de aventuras lúdicas, así que no sorprende que los cinco estemos deseando volver a Terrinoth.

Cerramos por hoy, tengo que buscar el móvil que no se donde lo he perdido.

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