Hay películas que ves y son un despropósito, y ni el visionado gamberro con amigos las arregla;
Luego hay, por ejemplo, canciones que escuchas de pasada en el bus, te pones el disco con calma y meh;
Te alegras en ocasiones de que esos bienqueridos y reconocibles amigos te hagan recomendaciones, de lo que sea, las ves con agrado y rara vez te arrepientes;
Y luego están esas obras que cuando las descubres te ves obligado a clavar una bandera, porque son colosales y tiene que haber un antes y un después. Esas obras que guardas para que cuando surja una conversación sobre "referencias" te falte tiempo a soltarlas, y se te llene la boca con ellas.
Eso es monster. Leer como leías con 15 años, recogido en posición fetal, absorto y concentrado, una historia que te agarra y no te permite irte a dormir.
Este post es el hito de Monster. La bandera de Urasawa. Bravo.
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| Doctor Tenma - Profeta Urasawa |
Mi contacto con el manga se originó como el de toda mi generación: Heidi, Akira y Dragon Ball. A raíz de Dragon Ball explotó todo: Ranma 1/2, Bateadores, Kimagure Orange Road, Macross, Lupín, Chicho Terremoto, Video Girl Ai, Record of Lodoss War, Alita, Slam Dunk, 3X3 Ojos, Appleseed...
Al poco te vuelves más selectivo, más "intelectual", refinas tu selectivo criterio. Empiezas a hablar de autores, en vez de títulos: Shirow, Otomo, Tezuka, Katsura... empiezas a buscar otras temáticas. No quieres ya sólo ojos grandes y ondas vitales.
Y, tal y como empieza, se acaba. Un big crunch y el manga te aburre y te parece todo lo mismo. No te interesa Bastard, te da pereza Evangelion, evitas One Piece, Death Note, no tienes edad para Naruto, ni Full Metal Jarl... tras casi una década, llega la saturación del manganime.
Lo dejo. No hago caso de los codazos ni los guiños de mis amigos aficionados, vendiéndome la revolución del género con golosinas como Bleach, Lobo Solitario y su hijo (¿eso no era un Elige tu Propia Aventura?), o el inefable Vagabond. No veo más anime que los Ghibli, cual gaijin mainstreinrizado, necio ignorante casual de las líneas cinéticas orientales. Me endurezco en mi postura, prejuzgando, alimentando costumbres y manías como el "me incomoda leer en sentido inverso" y el "con todo lo que tengo por leer europeo y americano, casi mejor así".
Como siempre, me equivoco.
Me excedo. Prejuzgo.
MAL.
Urasawa llega indirectamente a mi vida un fin de semana aburrido en el que me encuentro divagando por el disco multimedia, buscando una pelicula al azar. La bolita cae en una tal "20º Century Boys".
No voy a hypear ni a espoilear excesivamente. Me la veo y para mi disgusto compruebo que termina con un cliffhanger de la leche, y que es una trilogia. El adsl echa humo, pero consigo verlas todas ese mismo domingo. Y lo flipo. El Hitchcock japones, es este nota. Válgame. Que jodido crack. Y está basado en un manga, me dices? Pues venga.
Después de leer 20º Century Boys me vuelvo a reconciliar con el manga, un poco. Nos miramos a los ojos de vez en cuando, y quedamos algún que otro fin de semana. No tenemos la efervescencia ni el arrojo de la juventud, pero nuestra relación es más amable, más serena. Le pongo mis condiciones, eso si: nada de excesos epilépticos. Nada de artes marciales locas. Nada de pokemon. Y asiente, confiada, sabedora de que volvemos a ser, al menos, amigos.
La joya del comic que es Barrio Lejano, de Jiro Taniguchi (quien sólo por esta obra se merece, más que premios, los abrazos de todos los seres HUMANOS que se cruce a lo largo de su vida, me hacen caer un poco más. Me sumerjo sin titubeo alguno con Bakuman.
Y luego llega Monster. Y toda la tensión dramática, el suspense, la fantasía, el thriller, y el drama que le acompañan... bueno, menos mal que el doctor Tenma es el mejor cirujano del mundo, porque los infartos, hipertensiones, transtornos alimentarios (doy fe) o de sueño que este manga podría producir...
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| La agria inocencia de la última viñeta me dejó tiritando. Y es que soy un flojer. |
No quiero hablar del argumento. De eso se encargan, de mejor manera, miles de webs de las cuales tenéis la flor y nata a la derecha de este artículo. Quiero hablar de las sensaciones, y no se me ocurre otro modo que mediante una frase que me encontré hacia el final del octavo tomo, y que me acompaña desde entonces como un ejemplo de la poesía fantástica que es esta obra:
"Matar es muy sencillo, basta con olvidarse del sabor del azúcar en el café."
Cerramos por hoy. De repente, necesito escribir un mensaje a mi mujer.


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