Criminal, de Ed Brubaker y Sean Phillips. Me he tragado todos los tomos como quien se
bebe una jarra de sangría, pero sin resaca. El género negro más negro
que he visto en el comic (permiso, señor Miller), barriobajero y decadente, pordiosero y pecador, con regustos de
Hammet, de The Wire, de Scorsese si me apuran... Trágico y agridulce,
como ha de servirse este género. Regla nº 1 del Noir: No hay finales
felices.
Cuando me encuentro con mucho material para
ver, cuando picoteo por las películas del disco multimedia, en ese estado mental de "hoy no quiero experimentar, ni buscar historias
nuevas. Hoy quiero que lo que ponga, me guste" voy sobre seguro:
Thrillers de bajos fondos o de frac y pajarita. De rateros malolientes
adictos a la meta o de timadores de guante blanco que no saben
amartillar un arma. Gabardinas con cuellos subidos, callejones
neblinosos, bares donde todo está en venta y sobre todo, el alma máter
de este género: los perdedores. Criminal es la amalgama del mejor cine
de serie negra, en papel.
Sus varios arcos
argumentales, donde la panorámica de la ciudad es común, y los personajes van y
vienen, rozándose por la calle sin pudor entre distintas historias, nos narran las vidas de los perdedores y las causas que les llevaron a perder, primero,
la batalla contra la vida, y después, las esperanzas de que ésta les
diese la revancha.
Al mezclarse personajes, vemos como un...no diremos secundario, sino "extra con frase" de un volumen, que nos parecía
un hijoputa total, se convierte en el protagonista de otro volumen, en
el que, al asomarnos al interior de su vida, nos vemos sorprendidos al
defender su actitud y darle nuestra simpatía. Síndrome de Estocolmo Negro. No
hay malos, no hay buenos. Hay perdedores. Los que lo son y los que aún
no lo saben. Los que conoces, y por eso te caen bien, y quieres que
dejen de perder, y los que no conoces aún, y crees que merecen lo que
les pasa. Hasta que los conozcas.
De Ed Brubaker poco hay que decir que no diga ya el resto de internet. Un grande del comic, con premios a paletadas y reconocimiento del medio. Yo, inocente e insensato, sólo he leído dos obras suyas, la que me ocupa, y Fatale (de la que sólo llevo un volumen, poco puedo decir todavía), cosa que mejoraré en breve cuando me llegue Incógnito, que seguramente comentaré por aquí.
Termino con una
pequeña revelación de la finura y el golpe de genio moral del guionista:
Es clarividente y retorcido a la vez descubrir cómo el único protagonista que
logra su objetivo y tiene un final feliz, encuentra este epílogo desapasionado, teñido
sutilmente de una amargura y desasosiego tales que, a mí al menos, me dió la
sensación de que era el peor perdedor de todos. Ya me dirán, que no
quiero contar de más.
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